Skip to content

Sobre Crítica de la mano dura. Cómo enfrentar la violencia y preservar nuestras libertades, de Pedro Salazar Ugarte

junio 26, 2012

Las estadísticas oficiales de México arrojan cifras escalofriantes de la llamada “Guerra contra el narco”. Nos hablan de decenas de miles de personas asesinadas en poco más de cinco años, muchas de ellas vinculadas a algunos de los poderosísimos cárteles involucrados, pero muchas otras son policías, jueces, periodistas, políticos o simples civiles, víctimas propiciatorias de una lucha con una sola causa: la ambición del crimen organizado en torno a una actividad sumamente lucrativa que jamás debió prohibirse. Desde un México ensangrentado y envilecido nos llegan unas líneas firmes y serenas, un análisis objetivo y riguroso pero a la vez comprometido e indignado: una defensa de los valores y libertades constitucionales, del estado de derecho y de la democracia. Se trata de Crítica de la mano dura. Cómo enfrentar la violencia y preservar nuestras libertades, de Pedro Salazar Ugarte.

Pedro Salazar, además de un conocido intelectual mexicano con presencia habitual en los medios, es uno de los teóricos constitucionalistas más competentes de toda América Latina. Salazar es un académico con una formación muy sólida, con conocimientos vastísimos de la literatura y las discusiones internacionales contemporáneas, pero también con un claro compromiso personal por la mejora de las instituciones y, en definitiva, de la vida y la sociedad mexicanas. En este trabajo, bien documentado y fundamentado en firme teoría política, Salazar ha querido ocuparse –se diría que ha sentido el deber de ocuparse- del mayor problema que afronta México en estos últimos años, de la tragedia que ha teñido de sangre y de barbarie muchos de sus estados y ciudades. Se trata de un libro de análisis político y social fino. Y transita por un difícil camino, muy poco habitual para la mayoría de académicos actuales de todo el mundo: el camino entre la teoría y la praxis, entre el mundo ideal de las ideas y las teorías, que es siempre un ordenado mundo en blanco y negro, y el mundo real lleno de calles grises, plazas verdes, gentes coloridas y sangre roja. Ya sólo este hecho, la valentía de comprometerse y escribir sobre problemas reales y difíciles, y hacerlo sin abandonar el rigor teórico y la razón, merece un elogio. Pero es que además Salazar se sale con éxito de este lance. El libro tiene una tesis clara y sencilla: en mitad del horror de la barbarie, cuando se quiebra el orden básico y la seguridad mínima, cuando uno siente aflorar las emociones más primitivas de violencia y venganza, es cuando más falta nos hacen las instituciones sosegadas y taimadas del derecho, la constitución y la protección de las libertades básicas. Nada se gana con recurrir a los mecanismos extraordinarios de los estados de excepción o emergencia. Nada obtendremos a cambio de relajar nuestro respeto por los derechos humanos. Nada se consigue al abandonar los caminos del derecho para acudir a vías paralelas, aparentemente más cortas. Todos esos caminos alternativos, en definitiva, no hacen más que llevarnos al infierno. Es una tesis, como digo, clara y sencilla. Y aunque pueda parecer obvia para muchos, especialmente mirado desde fuera de México, Salazar se encarga de contradecir una por una las declaraciones de las máximas autoridades políticas y militares del país, que apuntan todas en la dirección contraria. Que la tesis sea obvia para muchos –especialmente académicos, y especialmente aquellos que tienen la suerte de vivir en un estado de “normalidad”, que como el propio Salazar indica, es a veces el estado menos frecuente- sólo quiere decir que lo que sostiene no es controvertido. Y eso, en un libro como éste, no es más que una virtud. El libro no pretende contribuir a la literatura académica de la teoría del estado y a la teoría constitucional –aunque en él pueden encontrarse lúcidos análisis de la idea de estado de excepción y del lugar que debe ocupar en una democracia constitucional estable y legítima. No es un libro, en este sentido, académico. Es un libro mucho más importante, que dice claramente al poder político y militar en México que el camino emprendido es equivocado. Y que el tren del relajamiento del compromiso con la legalidad y los derechos humanos no nos llevará a ningún destino agradable y soñado, sino que es un tren que transita por una vía muerta.

Cuando digo que la tesis central del libro es –académicamente- obvia no quiero decir con ello que no suscite ningún tipo de desacuerdo teórico, si quiera menor. Me une a Pedro una relación de amistad, que está por encima de cualquier otra consideración, pero ciertamente me separan algunas ideas teóricas. Salazar es un firme defensor de una idea robusta de democracia constitucional, que incluya fuertes mecanismos contramayoritarios de limitación de las legislaturas, además de otras clases de frenos y contrapesos. Yo celebro en general la existencia de una constitución democrática así como de múltiples sistemas de control y enfriamiento institucional, pero no me gustan los mecanismos contramayoritarios. Soy más partidario, por así decirlo, de legislaturas fuertes. Salazar confía menos que yo en las personas y en sus capacidades para desarrollar gobiernos legítimos, y confía más que yo en la bondad de las instituciones y el derecho. Y nuestras posiciones respectivas son normalmente presentadas en la literatura internacional como posiciones opuestas. Sin embargo, no lo son tanto como a veces parece, y es importante que esto se diga especialmente en contextos tan graves como el planteado por el libro de Salazar. Como le dijo un monstruo del pensamiento político contemporáneo a otro en un famoso debate entre ambos desarrollado en los años 90 –John Rawls a Jürgen Habermas, siendo los dos seguramente máximos representantes de las posiciones que modestamente defendemos Pedro y yo-, en el fondo estamos de acuerdo en casi todo, y nuestro gran enfrentamiento teórico no es más que una disputa menor por los detalles. Ni yo creo que las personas sean tan buenas que puedan vivir en armonía sin instituciones jurídicas, ni Pedro cree que los textos legales –los meros papeles- puedan servir de algo a menos que los destinatarios de dichos textos estén dispuestos y comprometidos con su cumplimiento y tengan una mínima cultura política y democrática. Y tal vez es de esto último de lo que va en el fondo el libro de Salazar. No es que México tenga, por lo general, malas leyes o un mal diseño institucional. Como en cualquier otro país, por supuesto, todo es mejorable. Pero no es a eso a lo que hace referencia Salazar. Lo que México necesita no son tanto cambios legislativos o constitucionales, sino mayor compromiso con los principios del estado de derecho, con la democracia y con los derechos fundamentales, es decir, una mayor cultura democrática y política. No es que en México los ciudadanos y sus autoridades sean más incultos que los de otros países a este respecto. Sino que los mexicanos han sido puestos a prueba al tener que enfrentar esta situación límite, esta sangría irracional. Es fácil defender los derechos humanos y la legalidad cuando todo funciona correctamente. Es muy sencillo –aunque tiene igual valor- ser demócrata y respetuoso con la ley en Suecia. Pero es en los momentos difíciles cuando defender la civilización frente a la barbarie es más importante y tiene mayor sentido. Y esto es lo que hace Salazar en su último libro. Esta civilización, representada por la metáfora planteada por Pedro en su libro de una plaza cívica abierta y bulliciosa repleta de niños jugando y personas paseando, contrapuesta a una plaza dura y militarizada, silenciosa y armada, es un ideal que nos mueve a todos. Es importante señalarlo. No hay desacuerdo con respecto a los valores. Lo que todos los ciudadanos queremos es la paz, la libertad y la justicia. Y lo que todos los expertos acuerdan es que ello se alcanza sólo por medio del respeto al estado de derecho y los derechos fundamentales.

Me quedo con una observación que efectúa Salazar con respecto al valor de las decisiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el tribunal de San José de Costa Rica, que está pasando por momentos difíciles y que merece más que nunca todo nuestro apoyo. México se adhirió a la Convención Americana de Derechos Humanos en 1981 y en 1998 reconoció la competencia contenciosa de la CIDH. Dice Salazar que “con aquella decisión, México abrió su ordenamiento jurídico a las interpretaciones y decisiones de una entidad jurisdiccional de carácter internacional. Como consecuencia –para decirlo de alguna manera-, nuestra Corte de Justicia de la Nación dejó de ser Suprema.” Cito este fragmento para terminar con una idea que me parece de suma importancia. Algunos pueden pensar que lo que hizo México al reconocer autoridad a las decisiones de la CIDH fue perder soberanía y hacer opinar a los extranjeros sobre asuntos que no les incumbían, sobre los que tal vez no sabían nada. Y esa es una percepción equivocada. Lo que hizo México fue reconocer algo que de hecho ya venía ocurriendo: el problema de la guerra contra el narco, como cualquier otro problema serio de derechos fundamentales, ya no es un problema mexicano. Es un problema americano. Es más, es un problema mundial, es un problema de todos. Como ya hiciera el magnífico Bolaño en su obra póstuma 2666, alertando de un problema parecido y tal vez relacionado, el de la desaparición de miles de mujeres en Ciudad Juárez, en Europa somos muchas veces ciegos ante hechos espeluznantes que nos hablan a todos en tanto que seres humanos. El libro de Salazar está dirigido básicamente a los mexicanos. Pero admite esta otra lectura, como un llamamiento a cualquier persona de este planeta. Y tiene razón en ello, porque como ya he dicho, el problema de la guerra contra el narco es un problema de todos. Es por esta razón que yo me siento directamente concernido.

José Luis Martí

Anuncios

From → Uncategorized

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: